Superación

Amador quería ser futbolista, pero se encontró con un problema, padecía una deformación de nacimiento. Pie cavo congénito le llaman. En su vida se cruzo un ángel en forma de medico llamado D. Santiago Cardenas, fue en una revisión rutinaria en la que el padre de D. Santiago Cardenas le explica a la madre de Amador que su hijo acababa de terminar la carrera y su especialidad era este tipo de malformaciones, fue un rayo de luz, lejos quedaron las palabras del medico de cabecera que además de crueles fueron totalmente innecesarias, al menos por educación, unas palabras que no se le puede decir a una madre que tiene en sus brazos a su segundo hijo de apenas llegaba al mes, fueron “lo mejor que le puede hacer es buscarle una buena silla de ruedas”, no solo se equivocó si no que lo vio con sus ojos y no tuvo la decencia de decir, me alegro por haberme equivocado, se callo y se fue con la cabeza agachada.

Con un mes de vida le realizaron la primera operación, después le seguirían otras muchas hasta cumplir los once años que se han olvidado por interminable reiteración. Luego hubo un impasse en espera de que su cuerpo terminara de desarrollar. Las últimas operaciones se las realizaron con 18 años.  De aquello queda un poso de angustia económica más que dolor. Afrontar el desembolso de tanta operación habría sido crítico para cualquier familia de los años 70 pero se encontraron con el doctor Santiago Cárdenas, uno de esos doctores que no hicieron en vano el juramento hipocrático. Cárdenas sacó a Amador adelante y a pesar de quedar rezagado en el colegio esto no hizo mella en su carácter combativo. Desde el principio sabía que para estar a la altura de los bien formados debía esforzarse, así estaban las cosas. El doctor Cárdenas recomendó a un ya joven Amador hacer deporte, el fútbol, muy a su pesar, quedaba fuera de sus posibilidades, lo más aconsejable era la natación o el ciclismo.

El padre de Amador salía los domingos a pedalear con el grupo cicloturista A.D.C. Michelín y no tardó en llevar a su hijo. Las primeras salidas fueron desagradables, una distancia de 40 kilómetros en sus piernas se dilataba hasta convertirse en algo irrealizable. Le costó un año poder mover el plato de 52 dientes, hablamos de un joven de ya 20 años que en apariencia estaba ya formado.

Con el tiempo pasó a ser un cicloturista más. Esto para él era importante porque la bicicleta se había convertido en el lugar donde medirse con la gente normal, pasar a ser uno más, entonces empezaban las comparaciones con los compañeros y quedaba aparcada la minusvalía al menos hasta poner los pies en el suelo. A pesar de este logro personal dejó la bicicleta durante seis años, motivado en parte por la disgregación del A.D.C. Michelín que había sido castigado en la carretera por varios accidentes muy graves.
El gimnasio Herma fue una nueva experiencia. Julen y Pepelu Madina le ayudó a ganar peso corporal. En un ejercicio de gemelo, el músculo mas atrofiado debido a no tener apenas movimiento en los tobillos, paso de mover 25 kilos a levantar con las piernas 140, esto para una persona ordinaria no es mucho, de echo la gran mayoría de sus compañeros de gimnasio empezaban con esos pesos a calentar pero para él era extraordinario.

Cuando retomó la bicicleta al cierre del gimnasio la mejora fue notable y pudo plantearse realizar pruebas como la famosa Quebrantahuesos de Sabiñanigo.

Lo que empezó como un divertimiento paso a convertirse en una dedicación, un trabajo, parte de su vida en los siguientes años.

Empezaron las primeras competiciones, se sucedían en el tiempo, Europeos, Mundiales hasta llegar al máximo que fueron los juegos paralímpicos, un experiencia inolvidable arropado siempre por su familia.

Consiguiendo un envidiable palmarés deportivo.